La época del sol: Pacífico

Posted on October 17, 2013

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Publicado originalmente en Revista MOCK (link).

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Pierre-Auguste Renoir pintó su obra Bal du Moulin de la Galette en 1876, y fue desde entonces considerada una de las más célebres de la época. Siguiendo el estilo impresionista francés, la pintura hace énfasis en la luz de la escena a través de finas pinzadas texturadas. La obra muestra un típico domingo al norte de París, tarde en la cual la clase trabajadora se vestía para pasar el tiempo entre bebidas y bailes hasta pasado el atardecer. Todo esto en una ciudad que hace años había sido tomada en la guerra Franco-Prusiana y tuvo que enfrentar un largo tiempo de hambre y pobreza.

Bal du Moulin de la Galette retrata la luz entre sombras, las ganas de salir a bailar y a pasar un día entre amigos, más allá de lo que haya sucedido ayer y lo que acontezca mañana. De la misma filosofía de vida surge Pacífico, quienes usaron la pintura de Renoir para su disco. Tres amigos juntos para cantar tanto de las penas, como de las alegrías y los amores en una Argentina a punto de salir de la Dictadura de Onganía.

En 1972, la banda sacó su primer y único disco: La Bella Época, demostrando un claro entendimiento de la música nacional, por más adelantados que hayan sido. Incluso, artistas contemporáneos como Moris o Sui Generis (dúo que sacaría su primer disco Vida el mismo año) no llegarían a una completa manipulación de la estructura pop hasta más avanzada la década del ‘70. Por otro lado, Pacífico no tiene relación con la sed por distorsión tan característica en los comienzos de Pescado Rabioso, aunque se nota una fuerte admiración por el virtuosismo lírico en Almendra, del que hacen uso de una manera mucho más humana. Tampoco le deben mucho al electricismo de Los Gatos ni a la exportación blusera de Manal, por más que compartan el mismo grito espiritual de década.

Así que, si Pacífico le debe algo a alguien, es a Aquelarre, contemporáneos que contribuyeron en batería y cuerdas. Pero esto cuenta solamente para la mitad del disco; la otra mitad la llevan adelante solamente Eduardo Marti, Hugo Arbe y Miguel Pezzolano, bastándose de dos guitarras y una flauta para remontarnos tanto a las playas veraniegas, como a las tardes más frías de la ciudad. Es de esa manera que Pacífico opta por una influencia mucho más brasilera que porteña, con guitarras y melodías remontadas al trabajo de cantautores como Caetano Veloso (en Londres, tanto como en Brasil) y Chico Buarque.

Por esta razón, me rompe la cabeza encontrar la etiqueta “rock progresivo” atada a Pacífico, cuando es una referencia que no podría estar más fuera de lugar. La dulzura de la banda pasa por melodías exquisitas sobre estructuras (tanto tímbricas como tonales) muy fluidas e intuitivas, sin dejar de ser hermosamente admirables. Y mientras nos derriten el oído derecho oído con su cálido folk, del izquierdo nos llega una lírica llena de valor poético, sin dejar de ser muy accesible. Hasta el último minuto del disco, da la sensación de que el trabajo compositivo sobre cada canción es un ser indiscutible: todo es cómo debería ser, y no puede existir de otra manera.

La Bella Época se mantiene como uno de los secretos mejores guardados de la música nacional. La banda se disolvió a los pocos meses, con cada uno de los integrantes manteniendo vivo su talento por otros lados. El camino más conocido fue el de Marti quien, además de ser padre de Emmanuel Horvilleur, se volvió un legendario fotógrafo para la Rolling Stone (sí, el que sacó la foto del “Gordo Spinetta”) además de autor de varias otras producciones. Vale mencionar también que Illya Kuryaki and the Valderramas utilizó una parte de “Una Estela Sin Final” al final del rap crudo de “Remisero”, como una especie de homenaje familiar, intentando divulgar un poco este tesoro escondido; o como un guiño para los melómanos avivados que recorren Parque Rivadavia en busca de las escasas copias restantes y algunas reediciones en CD. Todos desesperados por los restos de la banda que logró, con solo un disco, decir lo que a la mayoría de las bandas les toma una carrera.

Eric Olsen
Octubre 2012

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