El ritual feroz: Atrás Hay Truenos

Posted on October 18, 2013

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Publicado originalmente en Revista MOCK (link).

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Foto por Patio Rodriguez.

 

Un relámpago hace lugar entre las nubes para iluminar todo el cielo. Empiezo despacio a contar uno… dos… tres… cuatro… cinco… sei- un destello me interrumpe el pensamiento.

La música nacional coqueteó con el lado instrumental desde los comienzos del rock, ya sea con los duraderos intervalos en los discos de Spinetta o las vueltas y repeticiones a falta de lírica de Charly. Pero recién estos últimos diez años fueron los únicos testigos de bandas argentinas tendenciosas a transmitir su mensaje valiéndose en sus propios instrumentos. Desde el rock delicadamente progresivo de Poseidótica y el experimental electrónico de Dietrich hasta la fusión dub funk de Morbo y Mambo, las propuestas instrumentales han sabido cómo sobresaltar, incitando a base de pasajes volátiles que rompen la barrera entre la psicodelia y el krautrock. En las mismas bases se sienta Atrás Hay Truenos, con cerveza en mano, preparado para despegar.

Los neuquinos comenzaron a hacer ruido en 2007 con un EP homónimo y la grabación de “Un Perro Andaluz”, pieza experimental homenajeando la película surrealista de 1979 de Luis Buñuel y Salvador Dalí. En más de 20 minutos de soundtrack, esta joven banda logra afianzar a la electrónica con el post rock a través de interludios ambientales y pasajes experimentales incategorizables. Dos años después editaron el EP “Tres tristes temas”, canciones ahora entendidas como adelantos de su primer disco de estudio via Mamushka Records, “Romanza”. Estas nueve canciones, que bien podrían sonar opuestas a las baladas narrativas españolas de siglo XVIII, reúne varias facetas previas de la banda: las canciones más rápidas y estructuradas recuerdan a ese demo del 2007 (con cover de Stereolab incluido), y una moderada experimentación más relacionada con el material posterior; todo esto poniendo evidencia que, por más que la banda no haya tenido la oportunidad de evolucionar a grandes rasgos su sonido, sí han refinado su visión y avanzado en términos de calidad.

La música en Atrás Hay Truenos está orientada a una explotación de textura, donde las melodías se mezclan y transforman gracias a un predominio armónico hipnotizante. La personificación virtuosa de los instrumentos y el aura cálida mantiene a la banda en el equilibrio justo entre una ‘banda de amigos’ y unos artistas delicados. Las estructuras hiperactivas empiezan con su propio tema, pero no tardan en desviar el rumbo entre punteos eólicos y explotar muy lejos de donde comenzaron. Pero, más que nada, “Romanza” simboliza un punto de inflexión en la carrera de la banda, un gran punto suspensivo. Es por eso que los tímidos cantos y los coros lejanos no son un dato menor: son las voces de alguien que se encerró más de tres años en la idea de ser mudo, y recién ahora empieza a murmurar a escondidas. Este desprendimiento de ser una banda instrumental hace de “Romanza” un ritual de iniciación hacia las tierras habladas, los cantos siendo parte de esta ceremonia sagrada en la que no se le deja de rendir culto a los dioses de las cuerdas y las percusiones insaciables.

Actualmente Atrás Hay Truenos se prepara para finalizar ésta transición empezada con “Romanza”, entregándose al formato de canción cantada para su próximo trabajo (con fecha de salida a fin de año). Anteriormente un quinteto, el ahora trío se instaló en la ciudad de Buenos Aires para grabar su segundo disco con el prolífico productor Diego Acosta, al mismo tiempo en que siguen cumpliendo con un estricto régimen de recitales en lo que va del año. Rezando porque mantengan ese punto de vista valioso en la escena musical de hoy, no podemos hacer nada desde acá, más que seguir yendo a verlos en vivo y saturar nuestros auriculares cada vez que suenan.

Eric Olsen
Septiembre 2012

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Posted in: bandas